Los supuestos miedos del PNV
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Otra vez huele a cambio. Hace días que no se sabe nada de JJ Imaz. Egibar y Urkullu han apostado ambos dos por el Plan Ibarretxe y la consulta popular en el plazo de dos años (final de legislatura). No se compadece (¿o sí?) esta actitud de los presidentes de las territoriales más potentes de EAJ con los constantes guiños que el PSE lanza al PNV para formalizar acuerdos post-electorales ni con las declaraciones que dirigentes del MLNV realizan sobre los jeltzales acusándoles de tener miedo a perder su poder institucional en la CAV si llegaran a apoyar una autonomía a cuatro en Hegoalde. Nada más lejos de la realidad, a mi parecer. La cabeza de lista de NaBai al ayuntamiento de Pamplona Uxue Barkos, interrogada sobre la posible unión de Euskadi y Navarra, no ha dejado lugar a dudas respecto de un único marco jurídico-político que abarque a la CAV y a Navarra: “Atendiendo a lo que dicen las urnas, no. (…) La sociedad no está con interés y en condiciones de libertad para una decisión” ¿Merece la pena, para dar una salida política digna a ETA, sacrificar a Navarra?, me pregunto yo. Pues no. Y no porque parece ser que son los del MLNV los únicos que no tienen claro que en relación al viejo reino hay que modificar diametralmente el discurso y la práctica. En el caso navarro es más necesario que en ningún otro la acumulación de fuerzas, la creación de un estado de ánimo favorable. Eso requiere mucho tiempo; requiere de ausencia de violencia; y requiere, sobre todo, dejarnos, por ahora, de zarandajas de autonomías conjuntas CAV-Navarra, estando como está el poder navarro copado por la derecha más extrema y más ultra-unionista. Una derecha, un UPN, a la espera, precisamente, de eso, de que incurramos en el error de la anexión, de la unión, del imperialismo que denominan, de todo eso que ellos tan bien explotan y que tan buenos dividendos electorales les reporta. El PNV no tiene miedo a perder el poder si con ello ayuda a conformar una entidad que aúna los territorios vasco-navarros que van desde el Ebro hasta el Adour y desde las Encartaciones hasta Zuberoa, manteniendo, siempre, el carácter autónomo de cada uno de ellos. Así consta en su Ponencia política, así en sus posteriores adaptaciones y así en los discursos de sus dirigentes y, especialmente, de su presidente Josu Jon Imaz. Otra cosa será lo que pueden sentir quienes, en un cambio de situación en clave abertzale, observen una posible pérdida de sillón. Ese es su problema; no el del PNV. Cuando Iñaki Soto afirma en su artículo “Lineas Rojas” publicado en Gara que “en el PNV no están dipuestos a aceptar bajo ningún concepto , por una lado, que la resolución venga de la mano de la izquierda abertzale y, por otro, que esa resolución ponga en riesgo su hegemonía insitucional” utiliza viejos esquemas ya periclitados. El MLNV representa un porcentaje menor (evito el calificativo de mínimo), aunque no desdeñable, de la población de Euskal Herria que, en las últimas votaciones en las que ha participado, no ha superado jamás el 14%. Luego, su alternativa tiene el peso de ese porcentaje y la solución al conflicto vasco no tiene por qué basarse en la propuesta del Anaitasuna, por mucho que no traspase las líneas rojas, garantice la unidad del Estado y sea la llave para despejar la violencia terrorista. El PNV con, aproximadamente, el 30% de representación en Hegoalde, o el PSE/PSN, o UPN/PP están democráticamente más legitimados para proponer su propio proyecto como base desde el cual iniciar las negociaciones. Y, desde luego, lo que es absolutamente inadmisible es que si no se acepta eso que se califica como mínimo se nos amenace con que nos atengamos a las consecuencias como lo hace el ínclito Olano al recordarnos que “estamos en tiempo de descuento” Ha sido Egibar quien ha hablado de la unión “Se trata de unir fuerzas en torno a siglas y, sobre todo, en torno a proyectos que apuesten por que este pueblo, en su conjunto, sea dueño de sus designios”, justo en los términos que el ya citado I. Soto propone, no sin cierto grado de ironía, para el PNV: “Creo que, de cara a una transición desde la fase actual del conflicto a otra de confrontación política pura y dura, liderar un bloque nacionalista es la única oportunidad del PNV para seguir manteniendo la hegemonía institucional. Estimo que para los vascos lo más interesante sería que ese bloque se configurase antes de la mesa de negociación. En todo caso, si no es posible establecer ese bloque desde ahora, creo que después del acuerdo la sociedad exigirá a los partidos nacionalistas la configuración del mismo. Considero que ese bloque debe configurarse en torno a objetivos estratégicos claros, dejando abierto un margen amplio para desavenencias tácticas -tiempos, prioridades, gestión, alianzas de gobierno, modelos de acuerdo y confrontación “ La anterior cita de Soto no está muy lejos de lo expresado por Egibar, y tampoco de lo escrito por Iñaki Iriondo el lunes, respecto de un posible acuerdo PSE/PNV para gobernar las instituciones forales y municipales después del 27 de mayo: “Cualquier acuerdo de gobernabilidad debería ir unido a un acuerdo sobre el proceso de paz y normalización política. (…) bien podría ser que se circunscribiera a la posibilidad de lograr un pacto de Gobierno en la CAV o también podría darse el caso de que el EBB considerase que PNV y PSOE comparten un acuerdo suficiente sobre paz y normalización política. En los movimientos que se den en el tablero de los pactos institucionales queda también por ver si el PNV diseñará una estrategia común para el conjunto de Hegoalde. Fuera cual fuera el resultado final, podría ser interesante que las negociaciones se desarrollaran con una estrategia de país.” Yo no albergo ninguna duda de que la estrategia de cara al futuro del PNV se escribirá en clave de país, aún a riesgo de la pérdida de poder institucional. Dicho lo cual, cabe añadir que el planteamiento de Batasuna (compartido, digo yo, por ETA) no es, ahora mismo, la táctica más aconsejable. Tampoco lo es que Batasuna quede fuera de las elecciones. Sería un gravísimo error que, si al final se produce, espero no caliente las mentes de nadie, porque sería un desastre para Euskal Herria, para el proyecto soberanista y, fundamentalmente, para el propio MLNV. Etiquetas: EAJ-PNV |
1 Comentarios:
Cambio, sí, però para volver atrás. Seguro que aparece alguien y me explica que todo esto es coherente y que en el fondo están diciendo las mismas cosas, pero cualquiera que compare los mensajes que citais (Ibarretxe, Egibar e incluso Urkullu) con los de Balza y Imaz, se dará cuenta que en un caso se esta proponiendo un proyecto de futuro, con riesgos evidentes, pero ilusionante y comprometido con el futuro político de un pueblo vasco que busca y trabaja por el reconocimiento de su soberanía (porque si hablamos de que se nos reconozca el derecho a decidir es por que antes se nos ha reconocido nuestra soberanía), y en el otro caso parece que nos gusta regodearnos en nuestros problemas diciendo que las cosas están muy mal, que hay que prepararse para lo peor y que estamos en alerta méxima. En fin, parecido a lo de la botella medio llena o medio vacía. Yo, desde luego, prefiero quedarme que lo primero y creo que es la linea en la que tenemos que acostumbrarnos a pensar, porque ni ETA ni España nos van a sacar las castañas del fuego, al revés, si somos nosotros mismos los que alentamos el discurso catastrofista, se las ponemos en bandeja a unos y otros para seguir estitando de la cuerda, hasta que nos ahoguen del todo.
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