Más dura será la caída


Más dura será la caída” es el título de una famosa obra literaria (1956) del autor Philip Yordan interpretada en el cine por Bogart y compañía. Lo sugestivo del título lo dice todo. Es un guión de constante actualidad: cuanto más alto se sube, más dura es la caída. Eso debió ocurrirle a E. Múgica Herzog cuando el entonces presidente F. González le quiso destituir de ministro; “¡cómo se lo digo a mi mujer!” parece ser que imploraba el actual ararteko español. Con el presidente del Banco Mundial Paul Wolfowitz he tenido la misma sensación: ”Les imploro a cada uno de ustedes que tengan en cuenta que su decisión no solo afectará a mi vida sino también a la imagen de la institución en el mundo." ¡Qué duro!

Cuando se pasa del vaquero al traje y de la camisa de cuadros a la corbata sin estaciones intermedias se corre el riesgo de que, descabalgados del machito, la caída sea libre e infinita. Ahora que estamos de elecciones cientos de personas se postularán para un puesto, un cargo o una asesoría. Es el cuento de nunca acabar, el que cada dos años afecta a una parte de la población. Algunos de ellos lo conseguirán. Otros abandonarán momentáneamente el empeño hasta la siguiente ocasión. También los habrá quuienes definitivamente echen la toalla y abandonen contienda y partido.

Ahí arriba, por lo que desde abajo se observa, son más felices. Arribar es lo complicado. Una de vez instalados todo es más fácil, sólo es cuestión de permanecer y cumplir correctamente. Los envites y las tentaciones acechan a diario. Se maneja presupuesto, se firman subvenciones, se adjudican obras, se otorgan licencias, se recalifican terrenos, se cena con empresarios. Poco a poco se va creando una élite de paja, un lobby de clase media-baja con los pies de barro. Dura lo que dura un mandato, o más si tu partido anda fino. Si hay cambio de signo político, a hacer las maletas y para abajo. Algunos camaleones consiguen acoplarse al os nuevos tiempos.

La tentación llama a la puerta de quien es consciente de su provisionalidad en el cargo. Muchos no se controlan y caen en sus brazos, en los del cazo, de la prima, del regalo, del apartamento, y de todo eso. Que se lo pregunten sino a los Bravo en Irun, sobre todo al pequeño. El procedimiento resulta sencillo en principio. Se convoca a la víctimas propiciatorias, se les explica, se les convence y se les cobra. Después del primero el resto viene solo, si no te pillan. Si te echa mano viene el via crucis, el traro de delincuente, la consideración de chorizo, las miradas huidizas de los otrora amigos, la ausencia de llamadas, la utilización política miserable (…) y, al final, puede que al maco. ¡Que dura es la caída!.