Retolaza: "A mi entender Josu Jon (Imaz) está condicionado"


Luis Mª Retolaza

Entrevista publicada en Berria.

¿Como ha vivido el mano a mano entre Imaz y Egibar? Con mucha incomodidad. Me desagradan ese tipo de campañas. Sí que es positivo que las asambleas de base debatan los diferentes puntos de vista y los distintos planteamientos ideológicos. Hoy día, en cambio, hemos perdido esa costumbre, no observo en ese proceso que haya tenido su origen en la base. A mi entender Josu Jon (Imaz) está condicionado. No se convoca a Xabier (Arzalluz) para reclamar su consejo. Un personaje de su entidad es siempre un punto de referencia.
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¿Qué opinión le merecen los últimos acontecimientos políticos; esperanzadora, acaso?

En primer término hay definir qué es lo que entendemos por paz. Si consideramos por paz al abandono de las armas por parte de ETA, no estoy de acuerdo. Eso es un armisticio. La paz responde a un concepto más profundo. España no nos dejará en paz. Tenemos que luchar duro políticamente para intentar encauzar el conflicto que Euskal Herria mantiene con el Estado español. La transición se cerró en falso. Sólo se reformaron las formas políticas: los partidos políticos y el parlamento, siempre tutelados por una constitución. ¿Quién posee la prerrogativa de corregir esa Constitución? ¿A quién corresponde la decisión? ¡Al pueblo español! Observo con agrado que este pueblo está adquiriendo, paulatinamente, conciencia. Poquito a poquito, pero avanzamos; es posible que dos paso adelante, y uno atrás, pero avanzamos.

Ud. está a favor de la colaboración entre fuerzas abertzales. Si reparamos en los continuos conflictos que mantuvo su Departamento (Interior) con la izquierda abertzale en la época en que Ud. fue consejero, cree que es posible la colaboración?

Es posible. Siempre encontraremos gente recelosa. Ahora bien, si se explica con claridad de qué se trata, y si tus ideas son bien recibidas en ambos bandos, es posible. Para ello, es preciso dar con interlocutores válidos. Interlocutores de nivel y capacitados. Ahora mismo carecemos de ellos. Yo diría que el lehendakari (Ibarretxe) es un buen elemento. Hay que disponer de personas que perduren dentro del partido. Es imprescindible que prevalezca el sentimiento abertzale.

¿Qué opinión le merecen?:
Juan Ajuriagerra: Pocas personas me han impactado como él en mi personalidad, mi pensamiento y en mi trayectoria.

José Antonio Agirre: Un símbolo, y una referencia. Del mismo nivel de Sabino Arana, Ajuriagerra y, aunque todavía vive, de X. Arzalluz. Las cuatro A es como yo les denomino.

Carlos Garaikoetxea: Un hombre verdaderamente interesante. Dotado de muy buenas cualidades, pero también de aspectos negativos: personalismo, arrogancia, desconfianza.

José Antonio Ardanza: Cumplió perfectamente su función. Muy virtuoso.

Juan José Ibarretxe: Parangonable, si no se pierde en el trayecto, con los cuatro que antes he citado: Arana, Agirre, Ajuriagerra y Arzalluz. Está capacitado, y es tenaz.

Josu Jon Imaz: Es jatorra. Está bien. Se ha metido demasiado pronto en fregados. Mi impresión es que su entorno no es el más idóneo. Tengo confianza en él.

Joseba Egibar: Ha madurado. En sus incios no era de mi confianza. Ha evolucionado, y en la actualidad es el mejor orador y político de que disponemos. Tiene las ideas claras y bien definidas.

2 Comentarios:

Anonymous Jaun gorri dijo...

No quiero pensar lo que le habrá venido a la cabeza a Retolaza al leer "lo" de ayer de Josu Jon en el Mundo

13 febrero, 2006 11:51  
Anonymous Anónimo dijo...

Seria interessante que Roke leyese el articulo, y no lo que publican en Izaronews, creo que no coincide el resumen con el original.



M A G A Z I N E


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Josu Jon Imaz, 42 años, presidente del PNV, en la terraza del hotel Domine, en Bilbao, frente al Guggenheim.




Josu Jon Imaz

Se resiste a que un encapuchado decida el futuro de sus hijos. Quiere una lengua propia, como los catalanes. Reivindica la identidad vasca desde la perspectiva de un católico moderado. No siente admiración por ningún político español




Por Esther Esteban. Fotografía de Chema Conesa. Ilustración de Guillermo



Ikurriña. Fue creada en 1894 por los hermanos Luis y Sabino Arana (éste último, fundador del PNV) |||| Sobre su fondo rojo, color del señorío de Vizcaya, se superpone un aspa verde, símbolo de San Andrés, patrón vizcaíno |||| La cruz blanca representa la religión católica |||| El conjunto evoca la "Union Jack" o bandera británica, ya que los Arana se inspiraron en ella y en la enseña escocesa |||| Otras interpretaciones afirman que la bandera simboliza al árbol de Guernica sobre el rojo de Navarra |||| Se adoptó como bandera institucional durante el Gobierno Provisonal de Euskadi en 1936 |||| Reconocida por el artículo 5 del Estatuto de Autonomía de 1979 como bandera oficial del País Vasco.

Podría ser el ejemplo, en carne viva, del hombre hecho a sí mismo, de ese tipo de personaje para el que cualquier obstáculo es superable con dos ingredientes fundamentales: vocación y tenacidad. Gracias a eso logró doctorarse en Ciencias Químicas por la Universidad del País Vasco —tras conseguir la licenciatura con Premio Extraordinario—, y lo hizo pagándose él mismo los estudios desde que tenía 14 años y con beca desde los estudios primarios. "Mi padre murió cuando yo acababa de cumplir 8 años. Éramos tres hermanos, y mi madre cobraba una reducida pensión de viudedad, así que todos teníamos que colaborar".

Esa circunstancia, su lugar de nacimiento —el 6 de septiembre de 1963 en Zumárraga, una zona industrial de 13.000 habitantes—, su formación religiosa en el colegio La Salle y su temprana militancia política en el PNV, con sólo 15 años, fueron los mimbres que configuraron su personalidad. Un hombre que tiene en su haber uno de los currículos más brillantes de la formación que lidera desde hace dos años, cuando se convirtió —con sólo 40— en el presidente más joven de la historia del centenario Partido Nacionalista Vasco.

"Mi padre trabajaba en una empresa que fabricaba herramientas en Zumárraga. Había empezado allí muy joven, cuando tenía 18 años. A los 40 le detectaron un cáncer que acabó con su vida solamente un año después. En ese momento ocupaba un puesto de dirección comercial. El sentimiento de dolor por su muerte vino después..., porque de aquellos días recuerdo una especie de aturdimiento, de no saber muy bien qué estaba pasando en casa. El vacío por su ausencia lo noté después y lo he sentido muchas veces durante toda mi vida".

ASÍ, CON ESTE RELATO TAN DURO, COMENZÓ LA entrevista con Josu Jon Imaz San Miguel en el lugar elegido por él para la cita: la terraza del Hotel Domine, en Bilbao, un sitio absolutamente vanguardista, situado frente al Guggenheim, desde donde el icono de la ciudad está al alcance de los dedos. Hace un día frío y, aunque llueve levemente, la vista es apabullante, casi sobrecogedora. "Este lugar me encanta y no sólo por lo que el museo ha supuesto de proyección internacional o por el impresionante proyecto urbanístico que hay para la zona, sino porque con sólo mirarlo a uno le serena el ánimo, ¿o no?", pregunta dando ya por hecho la respuesta.

—¿Y qué hace un hombre como usted, un doctor en Químicas especializado en polímeros, presidiendo el Euzkadi Buru Batzar (EBB)?

—Ahora puede resultar extraño que un chaval de 15 años se afilie a un partido político, pero entonces, en 1977, las cosas eran diferentes. La política lo centraba todo y en casa estábamos muy concienciados. Recuerdo que me movían dos cuestiones básicas: reivindicar una identidad, la vasca, que yo había vivido con naturalidad y un sentimiento profundo en contra de la violencia. En esos momentos, Carlos Garaikoetxea era el presidente del partido y Xabier Arzalluz uno de los máximos dirigentes, portavoz en el Congreso y la figura más emblemática.

—Supongo que ni en sueños se podía imaginar entonces que pasado el tiempo usted ocuparía su sillón...

—En absoluto, ni por asomo. La primera vez que vi a Arzalluz cara a cara fue en 1979. Yo tenía 16 años y él se reunió con un grupo de jóvenes del partido. Recuerdo que el personaje me impresionó tanto que, al salir del encuentro, cogí una vieja Olivetti que teníamos en casa e hice un acta de todo lo que había pasado. Escribí dos folios y pico a máquina y todavía los tengo guardados.

LA PRECOCIDAD NO FUE SÓLO POLÍTICA. Era un estudiante brillante, primero en el colegio La Salle y luego en el instituto. "No podía permitirme el lujo de perder la beca. Además, me pasaba los veranos trabajando en un bar de mi tío para pagarme los gastos, por lo que tenía que aprovechar a tope. Me encantaba la ciencia y era bueno en matemáticas, así que dudé entre ir a la Escuela de Ingenieros de Bilbao, a la Comercial de Deusto o hacer Químicas en San Sebastián". Tras licenciarse en Químicas con Premio Extraordinario Fin de Carrera fue becado, primero por la Universidad de Navarra para trabajar en centros de investigación, y luego por el Ministerio de Industria y Energía para ir al centro francés CETIM, de Nantes, dentro de un programa de formación de investigadores en el extranjero. "Allí, en Nantes, hice el doctorado a la vez que trabajaba".

Tal vez por aquello de que no hay mal que por bien no venga, los veranos de trabajo en el restaurante de su tío le ofrecieron la posibilidad de practicar idiomas; en la actualidad habla y escribe cuatro perfectamente. "En mi casa se hablaba en euskera, por lo que aprendí la lengua materna con total normalidad. Lo mismo ocurrió con el castellano, dado que en el colegio era el idioma oficial. El francés comencé a estudiarlo con 10 años en la escuela y luego practicaba en el restaurante de mi tío, ya que tenía muchos clientes franceses. El inglés lo aprendí posteriormente". Pero fue en su etapa de eurodiputado, entre 1994 y 1999, cuando tuvo ocasión de practicar a fondo ambas lenguas. "Estuve cinco años en el Parlamento Europeo, donde el idioma oficial es el francés y, claro, no tuve más remedio que conseguir un nivel alto. Lo mismo ocurrió con el inglés, que ahora practico viendo la CNN".

Y hablando de idiomas, la conversación deriva de forma natural hacia su particular forma de relajarse. "Colaboro en lo que puedo en las tareas del hogar, pero hay una que me relaja especialmente: planchar. Los domingos por la tarde los dedico a planchar, mientras tengo conectada la CNN y así practico inglés. Puedo decir sin errar que, en los 10 años que llevo casado, me he planchado siempre mis pantalones y soy un artista sacándoles la raya. También, ¡cómo no!, plancho algunas blusas de mi mujer y prendas de los chicos. La ventaja es que no es un esfuerzo, sino una manera de evadirme".

—¿A un políglota como usted qué le parece la política de normalización lingüística de la Generalitat, donde se está llegando a fiscalizar los historiales clínicos y animan a los chicos a que denuncien a sus profesores?

—Hay mucha demagogia detrás de estas cuestiones, porque si ha habido una lengua marginada en Cataluña en las últimas décadas ha sido el catalán, como el vasco lo ha sido en Euskadi. Por lo tanto, respeto la política lingüística que se está llevando en Cataluña. Dicho esto, quiero que mis hijos vivan en Euskadi, en una sociedad plenamente bilingüe, que usen el euskera y el castellano indistintamente y, además, que aprendan cuanto antes inglés y francés por la cuenta que nos tiene a todos.

Es un nacionalista en estado puro. En él la vieja máxima de Unamuno de que "el nacionalismo se cura leyendo y viajando" no se ha cumplido en absoluto. Como muestra vale un botón: aunque ha viajado por los cinco continentes, ideológicamente apela de forma recurrente a sus raíces y guarda en su memoria, como en formol, sus primeros pasos en la cosa pública. Primero como dirigente de las juventudes del partido hasta llegar a la Ejecutiva Nacional, mientras en paralelo ocupaba sus primeros cargos institucionales, desde la Concejalía de Hacienda y Desarrollo de su pueblo natal. Pasados los años su carrera política fue en ascenso: europarlamentario, consejero de Industria, Comercio y Turismo y portavoz del Gobierno vasco, diputado por Guipúzcoa y en la actualidad presidente del EBB.

Lo que no ha cambiado ni ha logrado superar —tal vez por su carácter tímido y reservado— es el "miedo escénico" cada vez que se enfrenta a un acto público. "Di mi primer mitin en el año 81, durante la inauguración de una sede del partido en Zumárraga. Yo iba en representación de las juventudes. Sólo había dos oradores, Xabier Arzalluz y yo, que hacía de telonero. Todavía recuerdo el vértigo que me produjo subir a aquel estrado, y he de reconocer que todavía lo siento. En ese sentido, estoy de acuerdo con Jorge Valdano, cuando afirma que el miedo escénico no se pierde nunca y cuando se pierde, malo... Yo, desde luego, siempre subo al escenario como aquel primer día".

RECONOCE QUE ES UN HOMBRE DE convicciones y valores religiosos, desde su paso por el colegio La Salle, aunque se define como un practicante laxo que, sin embargo, se casó cumpliendo todo el ritual católico en la basílica de Loyola. "Conocí a Virginia, mi mujer, a finales del 88. Yo estaba trabajando en el centro tecnológico de San Sebastián y ella, que también es química, entró allí con una beca. Dejé ese trabajo en la primavera siguiente y ya éramos novios. Nos casamos a la vieja usanza en 1995, después de siete años de noviazgo. Lo hicimos en la basílica de Loyola, simplemente porque ella es de San Sebastián y yo de Zumárraga y buscamos un sitio a mitad de camino".

Virginia y él comparten profesión, pero no militancia política. "Nunca, ni en el PNV ni en ningún otro partido político. Tiene sus propias ideas y en casa se puede decir que hay pluralidad política". Quien sí ha militado en su formación política es otra de las mujeres que han marcado su vida: su madre. "Se afilió al PNV en 1977, pero ninguno de mis hermanos se ha afiliado jamás a ningún partido. De aquella época recuerdo sobre todo las portadas de la revista Cambio 16, que era la que se compraba en mi casa".

Y si de recuerdos se trata, por ejemplo, vivió la muerte de Franco con la perspectiva de un niño, entonces tenía 12 años. "Recuerdo que la portada de Cambio 16 era completamente negra y eso me impresionó mucho, como también aquélla en la que se contaban los fusilamientos del 27 de septiembre de 1975. Alguien nos leyó en voz alta las últimas horas de Txiki, en la prisión de Barcelona, y luego recuerdo el paso del cadáver de Otaegi por mi pueblo cuando le llevaban al suyo. Fueron momentos en que la política lo impregnaba todo y, aunque éramos niños, en mi cuadrilla hablábamos, y mucho, de política".

Por culpa DE LA POLÍTICA ha pasado algún que otro momento de esos de "tierra trágame". Los responsables: sus hijos Asier, de 7 años, y Oihana, de 5, quienes hablan con toda espontaneidad y cercanía de los líderes políticos del momento. "Hace un par de veranos nos fuimos de vacaciones a un pueblo de Cataluña y teníamos como vecinos de apartamento a una familia de Madrid. Una mañana estábamos en la playa y nuestra vecina leía plácidamente el periódico. Mi hijo se le acercó de frente y empezó a decir en voz alta, casi a gritos, los nombres de todos los políticos que aparecían. ‘Mira, éste es López Aguilar, ésta María Teresa Fernández de la Vega y así con todos...’. Adela, que así se llama la vecina, no daba crédito, mientras nosotros no sabíamos dónde escondernos".

Tampoco las aficiones futbolísticas del pequeño Asier han dejado a su padre en muy buen lugar. "Él es del Real Madrid y su ídolo es Beckham. Lo que ocurre es que veraneamos en Cataluña y allí todos son del Barça, salvo uno: el hijo del presidente del PNV y, para más inri, a mí el fútbol me gusta lo justito y soy seguidor de la Real Sociedad. ¡Niños!".

Como todo buen padre su gran preocupación es el futuro de sus hijos y, en este caso en concreto, un horizonte sin violencia.

—¿A ETA se le puede pagar un precio político?

—Yo no quiero que el futuro de mis hijos, el futuro político de Euskadi lo decida un encapuchado. Lo que Euskadi tenga que ser, lo tenemos que decidir los ciudadanos vascos. La paz no puede ir vinculada a un proyecto político, porque esto sería como legitimar la violencia para un objetivo político.

—¿Y qué datos maneja el presidente Zapatero para pensar que él conseguirá que ETA abandone las armas cuando no lo lograron ni Suárez ni González ni Aznar y todos hablaron con los terroristas?

—No sé si el Gobierno de Zapatero se está reuniendo o hablando con ETA. Si lo supiera, tampoco lo diría. No sé si esta vez será la definitiva, pero nuestro deber es intentar que lo sea. Estoy convencido de que en el mundo político de la izquierda radical existen muchas personas que quieren transitar de forma definitiva hacia la democracia. Lo que una democracia tiene que hacer es favorecer los pasos de los que quieren avanzar en ese camino. Ésa es una responsabilidad política y ética que nos incumbe a todos.

La organización terrorista y su mundo han estado muy presentes en toda su trayectoria, tanto política como personal, algo a lo que nadie es ajeno en el País Vasco. "Cuando tenía 14 o 15 años, en todas las cuadrillas y en todas las familias, en la mía también, había personas del entorno de ETA o que defendían su forma de actuar. A mí, la violencia me ha repugnado siempre, cualquier tipo de violencia, y de hecho participé con 15 años en la primera manifestación que se celebró en Euskadi contra ETA. Todavía recuerdo una Navidad, siendo yo adolescente, en la que un familiar mío comenzó a hablar de Pertur en la mesa. Yo le solté que a Pertur le había matado ETA porque era partidario de dejar la lucha armada, con lo que la cena terminó como el rosario de la aurora".

De hecho, durante su etapa en el Parlamento Europeo, con José María Aznar en el Gobierno, él mismo mantuvo contactos con representantes de lo que se llamaba el Movimiento de Liberación Nacional Vasco (MLNV) por encargo del PNV. "Sinceramente, ahora después de tantos años veo a mucha gente embarcada en este carro de rechazo a la violencia, cuando ellos mismos en el 78 y hasta mucho tiempo después o empuñaban la pistola o justificaban ese camino absolutamente enloquecido. Eso es un buen síntoma".

Para él, como para muchos, el tema de ETA va unido a dolor y muerte. "Los peores momentos de mi vida política han tenido, sin duda, que ver con ETA. He pasado por situaciones dolorosísimas visitando heridos en los hospitales, viendo sufrir a sus familias y asistiendo a funerales. Estuve con Jose Mari Corta [empresario y presidente de la patromal guipuzcoana Adegi], con quien tenía una magnífica relación, un día antes de que le mataran, y la verdad es que no hay palabras para definir estas situaciones". Cuando no hay palabras, las lágrimas suelen ser un buen desahogo aunque, en su caso, pocas veces utilizado. "No soy una persona de llanto fácil, sin embargo, las tragedias y las desgracias personales me impactan muchísimo y, en muchos momentos, he tenido que contener la emoción y las lágrimas".

SI LAS LÁGRIMAS NO SON LO SUYO, TAMPOCO en el otro extremo, el de la euforia, es un hombre amigo de los excesos. De hecho, sólo recuerda haberse emborrachado dos veces en su vida. Una, en la adolescencia, durante una boda, y tuvieron que llevarle a su casa —"más que una borrachera fue una especie de intoxicación"—, y otra, a los 20 años durante una fiesta universitaria en la que acabó tomando chupitos en la parte vieja de San Sebastián. "Soy muy moderado en todo, hasta con el alcohol".

Tampoco ha tomado una droga en su vida. "Nunca he probado un porro y desgraciadamente he conocido la muerte de algún amigo que empezó fumando hachís y marihuana, siguió con la heroína y terminó muriendo muy joven. Siempre digo que soy un superviviente del mundo de la droga por casualidad, y una de esas casualidades es mi militancia política tan temprana. Ese compromiso me apartó de muchas cosas y, entre ellas, de las drogas".

De lo que no ha logrado apartarse nunca es de su pasión por la ciencia y la investigación. Realizó su proyecto de fin de carrera sobre la contaminación por hidrocarburos en la bahía de Pasajes y la tesis, sobre procesos de polimerización de resinas para aplicaciones aeronáuticas. Ambas cosas le fueron muy útiles cuando —¡cosas del destino y de la política!— fue portavoz de la comisión interinstitucional para la catástrofe del Prestige. "Dentro de aquella tragedia tuve la sensación de conocer bastante bien lo que tenía entre manos. Estaba casi convencido de qué resina se trataba, de la imposibilidad de que eso se diluyera y de que, finalmente, parte del vertido llegaría a nuestras costas, como efectivamente pasó".

Su profesión le ha servido para tener una especial sintonía con políticos de otras formaciones, como el caso de Alfredo Pérez Rubalcaba, también químico de profesión, y al que conoció a través de la ciencia y la tecnología. "En 1999 él era el portavoz del PSOE en todos los temas de I+D, y yo, como consejero de industria del Gobierno vasco, tenía las mismas funciones en mi departamento. Así nos conocimos".

su gran pasión es el monte. "me encanta andar por él, seis horas, siete, hasta 12. Me atraen muchísimo los lugares solitarios en los que me gusta perderme... Sólo con ponerme el pantalón corto, la camiseta y la visera me siento un hombre distinto. Me da igual caminar solo que acompañado y, aunque prefiero estar en mi tierra, siempre que viajamos fuera de España encuentro algún lugar donde darme una buena caminata". Aunque andar no es mal deporte, en su caso no es que sea ni bueno ni malo, es el único que ha practicado en su vida. "De niño jugaba intensamente al ajedrez, incluso llegué a participar en campeonatos escolares, y luego andaba mucho".

También de la infancia conserva su afición a la lectura: "Soy un lector compulsivo. Me leo todo, hasta los catálogos del supermercado que echan en el buzón. Eso sí, como género literario siempre me gustó la novela de ficción. Creo que he leído completa la serie de Isaac Asimov La fundación cinco o seis veces. Pero ahora sobre todo leo temas políticos y que tengan que ver con la globalización".

Y si de globalización se trata, nada más amplio y extenso que sus gustos culinarios. "He viajado tanto que me gusta cualquier tipo de cocina internacional; me da igual árabe, china, italiana o americana. Pero si hay que elegir me quedo con la de casa. En Euskadi se come de maravilla y yo no le hago ascos a nada, pero no sé cocinar", se lamenta.

De lo que no se queja es de haber conocido, gracias a la política, a personajes por los que siente profundo respeto y en algunos casos admiración. "Me impactó Clinton, al que conocí en la convención demócrata de Chicago, en el 96. Como estadista me quedo con Helmut Khol y como personaje excepcional con Romano Prodi. Con él tuve una relación muy cercana, ya que es presidente de honor del Partido Demócrata Europeo". Menos explícito se muestra cuando la periodista le pregunta por políticos españoles de otros partidos. "Respeto a algunos, pero admiración no siento por ninguno de ellos", concluye. Al fin y al cabo, aunque se trata de un hombre afable y cordial, con preocupaciones y alegrías similares a las del común de los mortales, es, sobre todo, un político por cuyo cargo y condición debe llevar un traje cortado a la medida, del que se desprende en contadísimas ocasiones y, desde luego, sólo en su círculo más privado.

14 febrero, 2006 18:50  

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