¿A dónde con ETA?


Una delegación de Batasuna visita estos días la Venezuela de Chaves. No sabemos lo que los dirigintes del país sudamericano habrán transmitido a los emisarios batasunos. Lo que sí sabemos es lo que opina el gallego Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique, pope de la prensa izquierdista y conocido altermundialista, quien afirma, en una entrevista concedida a Argia, que el conflicto vasco no acapara la atención de la política internacional y que el PNV está planteando correctamente la cuestión política, por mucho que desde instancias ajenas al conflicto se quiera equiparar el conflicto vasco con el problema de ETA, cuando no es más que una vertiente de éste.

Algo parecido le ocurre a Batasuna con el Sin Feinn de Adams y Macguinness, quienes han advertido a Otegi, Barrena y compañía que un sólo atentado de ETA complicaría sobremanera una futura labor conjunta de ambas formaciones. Eso es lo que tienen de puertas para fuera los de Batasuna y, obvio es, los de ETA, lo que, a todas luces, no es mejor de lo que tienen de puertas a dentro.

Por cierto, un porcentaje nada despreciable de las decenas de miles de firmas que Batasuna está recogiendo estos días ante notario son de gente diametralmente opuesta a la violencia armada de ETA, pero partidaria de que ese espectro de la izquierda abertzale participe en las elecciones. Hace unos días era I. Iriondo quien ponía en tejado ajeno la pelota con la siguiente interrogante: ¿Quien gestionará las consecuencias de una ruptura de las negociaciones? También cabría plantearse la cuestión en el caso que nos ocupa ahora: ¿Quién gestionará esas miles de firmas anti-violencia de ETA en el caso de los milicos asesinen?

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