Jordi Pujol: De Queralbs a Tregurà
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Reproducimos un reciente artículo de Jordi Pujol, en el que el ex President previene de la falta de ambición y de la tentación de utilizar atajos, en lo personal y en lo político, publicado en jordipujol.cat y que nos llega, traducido, vía Aberria Helburu: De Queralbs a Tregurà (Jordi Pujol) Es la historia, triste y desgraciada, de un excursionista. Que un día de invierno muy crudo y muy frío salió de Queralbs, en el Valle de Núria, para hacer una travesía hasta Tregurà, en el Valle de Camprodon. Una excursión larga, con desniveles fuertes y a dos mil metros de altura. No peligrosa en condiciones normales, pero difícil con mucho frío, mucha nieve y niebla. Además a nuestro excursionista le gustaba el riesgo y hacer travesías en solitario. Y tenía mucha confianza en él mismo. Más de la que era prudente tener. Por lo tanto no hizo caso de las advertencias de la gente de Queralbs que le desaconsejaba. A causa de la nieve que había, y de la que se caía, el camino se le hizo muy largo. Y además salió niebla. Cosa previsible en aquel lugar y en un día como aquél. Se perdió. Después quiso tomar un atajo porque le empezaban a flaquear las fuerzas y quería acortar el camino. Se volvió a perder. Finalmente llegó a un rellano. Estaba muy cansado y, peor, estaba desorientado. No sabía dónde estaba. Decidió sentarse en una roca plana y descansó. Comió unos aperitivos: almendras, avellanas, pasas. Y bebió un poco de agua. Después se adormeció. No sabemos si vencido por la fatiga o porque le pareció que una cabezadita le iría bien y que con fuerzas renovadas podría reanudar el camino. Pero el caso es que se adormeció. Y ya no se despertó. Murió. Al día siguiente lo encontraron sentado en la roca. Estaba a 200 metros de Tregurà. No calibrar lo suficiente las propias fuerzas. No escoger el momento y el día adecuados. No hacer caso de las previsiones. Querer forzar las cosas cogiendo atajos inciertos. No tener el temple, la fuerza de carácter y la paciencia de esperar que desaparezca la niebla. Y finalmente, abandonar, renunciar. Adormecerse. Un excursionista que comete estos errores corre un gran peligro. Puede morir. Casi siempre muere. Un error así también lo puede cometer un pueblo, un pais. Y también puede morir. Sobre todo si al fin y al cabo dice: "Ahora recuperaré fuerzas descansando. Adormeciéndome. Renunciando". Renunciando a la ambición y a la ilusión. Etiquetas: Catalunya |
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